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Parque de Aiete (Parques en San Sebastián / Donosti)

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El Parque de Aiete, en el corazón de San Sebastián, es un espacio verde de incontestable belleza, virtuoso diseño y larga tradición. Más de cien años de antigüedad reposan sobre estos jardines, en cuya elegancia reconocemos a Pierre Ducasse. Su fastuoso palacio, además, ha conocido figuras tan emblemáticos como el Rey Alfonso XIII o la mismísima Reina Victoria de Inglaterra. Nada como recorrer sus senderos o deleitarse con la visión del estanque para descubrir uno de los rincones más encantadores de Donostia.

Hacia 1878, el arquitecto Adolfo Ombrecht proyectaría el palacio, siguiendo las formas neoclasicistas, en unos terrenos que, además, contaban con un valor histórico añadido. Durante siglos los cristianos los habían transitado en su peregrinaje hacia Santiago de Compostela. Los duques de Bailén serían los primeros de una larga lista de huéspedes, a cual más distinguido.

Posteriormente se convertiría en residencia de los reyes Alfonso XII e Isabel II. También el Rey Alfonso XIII y la Reina María Cristina llegarían a conocer sus estancias, que en 1889 recibirían la visita de Alejandra Victoria, Reina de Inglaterra. Entrado el siglo XX el Ayuntamiento de Donostia compraría los terrenos a los herederos de Emilio A. Galiano para entregárselos al general Franco, que establecería en Aiete su residencia veraniega durante más de 30 años.

A partir de 1975, momento en que Donostia recupera los terrenos, el edificio se convierten sede cultural y lugar de recepción, y los esplendorosos jardines se abren al público.

La totalidad del parque -incluyendo el estanque, las grutas, los jardines, los caminos y los prados- son obra del jardinero francés Pierre Ducasse, quien proyectaría un trazado naturalista, aunando las imperfecciones del paisaje con el vigor de las líneas rústicas.

El encanto paisajístico de Aiete es innegable, y son sus laureles, fresnos y avellanos los que enriquecen este espacio. Diversas especies florales, como los tulipanes o los narcisos, aportan esa pincelada de color que hacen del parque un verdadero tesoro natural. Completan este marco inolvidable el estanque y la población de patos, cisnes y carpas que habitan sus aguas, donde los más pequeños encontrarán oleadas de diversión.
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